
Subí al auto con mis padres y hnos. mientras veía mis restos alejarse. Solo sentía desvaneciéndose ese lazo que aun me unía a mis frías e insensatas ataduras corporales, mi tiempo se iba, tenía que partir con él, pero como todo mortal temía a lo que me enfrentaría, vacio, soledad, tristeza, agonía. El habiente era tan tenso, elegí cambiarme al coche fúnebre para acompañarme, en la carrosa el ambiente era diferente, el chofer y su acompañante, bromeando y jugando, pues para ellos un día mas de trabajo, irónico… después de cruzar media ciudad, el cementerio, en la siguiente esquina a la izquierda, todos mis conocidos, detrás. Antes de sepultarme, ofrecieron una misa, junto a dos difuntos más, que no dejaban de lamentarse, fui cordial y me acerque a saludar: – hola, lindo día para un funeral ¿no? – dije bromeando – ¿acaso la muerte te dejo sin sentido común? ¡Estamos muertas!, ya no podremos estar con los que amamos y penaremos hasta pagar nuestra condena – respondió histéricamente una anciana, ojos grises, test clara, baja en estatura, cabello canoso y corto, sin algunos dientes y algunos lunares en su rostro. – Tranquilízate solo es una joven tal vez aun no le entiende, hola soy Adriana, ella es Lucita y ¿tu?, discúlpala está alterada por las circunstancias – interfirió una mujer de no más de 30, sonrisa contagiosa, ojos castaños claros muy expresivos, su rostro reflejaba paz y seguridad, cabello lacio y obscuro, test apiñonada, delgada, un poco más alta que yo. – Mucho gusto, soy Avril, no te preocupes hace algunas horas estaba igual, creo que no use las palabras adecuadas lo lamento… puedo preguntar ¿por qué están aquí? – Yo padecía ya muchas enfermedades, a mi edad nada es sencillo, una tarde comencé con una embolia, perdí el habla y la mitad de mi cuerpo, de inmediato me internaron, mejore un tiempo, pero la madrugada del sábado deje de respirar después de una larga agonía y es que no quería morir sin despedirme y bendecir a mi hijo que estaba en estados unidos, El – lo señalo – y ahora no sabrá cuanto le ame – comenzó a llorar, aunque se tranquilizo cuando Adriana comenzó a contar su historia. – Yo estaba embarazada, durante 8 meses tuve problemas con la presión, así que me programaron una cesaría, durante el parto todo se complico y de esa atenuante situación ya no desperté, lo que le agradezco a Dios que mi niño nació sano, inclusive estos días estuve cuidándolo y al enterarme que mi madre se encargaría de él, entendí que ya no tengo nada que hacer aquí, pero tú, eres tan pequeña que me recuerdas a mi hija la mayor Andrea, dinos ¿Qué te paso? – Desperté en la oscuridad, deambule sin rumbo sin siquiera recordar mi nombre, hasta que llegue a mi casa donde descubrí que morí y poco a poco mi pasado reconstruí, pero de mi cumpleaños 17 hasta hoy no se qué sucedió – dije algo confundida pues, como ellas estaban consientes de su destino, pero yo… – ¿Sera que todavía no era tu tiempo? – dijo Luz desconcertada – pues yo nunca pase por lo que dices, cuando deje de respirar, desapareció todo dolor y sensación, solo quedaban sentimientos pero cada vez van disminuyendo; desde el hospital, viaje con mis hijos hasta mi hogar donde permanecí en el velorio hasta que me trajeron aquí y ya solo tengo miedo a lo que sigue. – A mi me paso como Avril, al inicio no entendía, todo era penumbras, hasta escuchar el llanto de mi hijo reaparecí por decirlo así, en el centro de salud y me la pase en el cunero; hasta que intente hablar con unas enfermeras, quienes me ignoraban mientras hablaban de una madre que quedo en el parto, lo más impactante fue ver mis restos y a mi familia desecha, pero basto una noche para asimilarlo y seguir a donde tenga que ir, aunque lo confieso tengo un poco de nervios, quien sabe que nos espera. Me quede sin palabras, pensativa, ¿seria que no “descansaría”, hasta descifrar mi dilema?, deje de divagar, para escuchar el sermón del sacerdote tal vez, el me podría ayudar – Morir un hecho, vivir un proceso; pero para realmente vivir hay que morir, “despertar de este sueño llamado vida, muriendo”. No podemos ir arrepintiendo de todo, debemos hacer las cosas bien mientras haya oportunidad, pues la muerte nunca nos preverá, cuando menos lo esperemos timbrara nuestros corazones, hoy la prueba, una joven de tan solo 17 y una mujer embarazada...solo tendremos una oportunidad y solo nosotros sabremos cómo aprovecharla, pues con libre albedrio Dios nos bendijo, ríe, llora, ama, sirve, equivócate, corrige, goza, perdona, sufre, crea, vive para al fin morir, pues hermanos la muerte no es el fin, es solo el termino de un ciclo y el inicio de otro…
Al finalizar la celebración religiosa, nos separamos, cada quien con sus respectivas familias, a Luz la metieron en uno de esos cajones en una especie de muro, casi en lo más alto; mientras la metían se despidió de sus hijos y nietos con un beso, un abrazo y una bendición… cuando la comenzaron a introducir, se recostó sobre su ataúd, cruzo los brazos y ya no salió. Por otro lado Adriana, estaba casi junto a mí, en el pasto, lleno de amor a sus hijas, esposo y padres, me giño el ojo y entre un destello radiante de luz ante nuestros ojos se desvaneció, algo que nos trajo paz a los que lo presenciamos, pues no estábamos solas, muchas almas siendo espectadores también.
Yo, confundida, por este licuado de emociones, veía los rostro alargados de mis seres queridos, trate de tocarlos, pero todo seguía igual, rendida, me distancie hasta la sombra de un troco, delgado, casi seco, café, tétrico para mi gusto, me senté, solo me quedó observar como mi cuerpo se sumergía en la tierra, para ya nunca salir, ofrecieron una plegaria por mi “alma”, se despidieron y comenzaron a llenar de tierra mi nuevo hogar, mientas todos lloraban; algo me impulso a correr lo más rápido que pude, me detuve frente al hombre de la pala, para impedir que continuara, pero una extraña fuerza me jalo hacia mi cuerpo que no me permitía alejar, el calor se convirtió en algo insoportable, el barro cayendo sobre mí, sentía asfixiarme, aunque no respiraba, me faltaba el aire, luchaba por escaparme, rasguñando las paredes; lagrimas, odio, perturbación, temible desesperación, suplique “No pido más: Que un instante para respirar, un momento para amar, un segundo para entender porque la vida se me va entre suspiros y su mirar “. Solo quería ver la luz del día, sentir el suave calor del sol y el amor de mi familia, pero “nada” funciono, todo se torno oscuridad, cerré mis ojos inundados de llanto y desee dejar de ser.
Al abrirlos, me encontré bajo un árbol de tronco ancho, frondoso, verde, lleno de frutos, lianas, regado por un rayo de luz y alrededor de este solo oscuridad, era hermoso y escalofriante a la vez, un equilibrio un tanto extraño, pero lindo, un hombre sin rostro visible para mis ojos, algo peculiar, se acercó, sinceramente me desconcertaba un poco, pero a la vez me daba confianza, como si de antes nos conociéramos.
– y la chica seco sus lagrimas, mientras pensaba como zafarse de esta – dijo burlándose – y ¿Cómo se siente mi protegida?, por si no me recuerdas soy Nithael.
– hola, ¿Nithael? perdona no te recuerdo, aun tengo lagunas de recuerdos que no he podido llenar – le dije un poco desanimada.
– ¿Por qué esa cara?, si ya has muerto nada peor te puede pasar, diría un simple mortal, pero créeme que es el primer paso para la perfección, así que sonríe y levántate que aun tenemos mucho por hacer – trato de motivarme.
– ¿por hacer?, ¡estoy muerta!, ya no puedo hacer “nada” – reclamé – oye, has dicho ¿Qué soy tu protegida?
– Así es soy tu guardián, y ya que lo has pedido seré quien te guíe y conteste tus dudas.
– ¿todas ellas?, ¿sea cual sea?
– si y si – extendió su mano y me ayudo a levantar – anda, sígueme que tenemos mucho por recorrer y aprender.
Comenzamos flotar de una forma peculiar, me asuste tanto que me aferre a su brazo.
– No temas que no dejare que te pase “nada”, recuerda esa es mi misión – solo asentí con la cabeza, pues aunque no lo conocía algo en el me brindaba seguridad.
– Te devolveré a la tierra unos días más, pues aun tienes algo pendiente y no te podré ayudar hasta que lo resuelvas, además que tu familia te necesita – dijo algo serio.
– Y ¿Qué es lo que tengo que resolver?
– Lo sabes, la duda que guardas en tu esencia, lo que perturba tu existencia.
– ¿Mi muerte?
Movió su cabeza asentando mi respuesta. Entramos en mi casa, caminamos por los silenciosos y desolados pasillos, ya que todos dormían, hasta mi alcoba. Hablamos toda la noche de nuestros pasados, algo divertido e interesante, ¡jamás imagine que un humano pudiera convertirse en ángel!, pues me conto que en vida fue un mortal que se entrego por los demás como un rey, cuando tres seres malignos, Lu, Ci y Fer, lo invitaron a cazar donde en realidad el fue la presa, con un fuerte golpe en la cabeza creyeron eliminarlo, pero no se percataron de que aun vivía; al igual que yo, perdió la memoria unos días pero poco a poco reconstruyo su pasado y regreso a enfrentarlos… todo se redujo a silencio…al momento caí en una especie de visión: un parque, un par de enamorados, él, alto, de ojos claros, cabellos castaños, labio delgados y pequeños, test clara casi blanca, parecía que un aura los iluminaba de paz, pero un fuerte migraña me impidió continuar.
– ¿Estás bien? – desperté entre sus fuertes brazos, como para protegerme, levante la mirada para responderle, pero al verle solo puede balbucear – si, no te preocupes – aunque su cara completa no podía contemplar, en sus bellos ojos café claro planté mi mirar, su cabellos cafés casi dorados, hasta darme cuenta que lo veía como tonta, del refugió que me creo, bajé de un salto, sonrió por tal reacción.
Continua.

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